02 AUG 2026

Volver a casa y sentirse en casa

Haarlem, domingo 2 de agosto de 2026 • Día 42

Volver a casa y sentirse en casa


En la fachada trasera de la estación central de Haarlem hay un verso del poeta neerlandés Godfried Bomans que dice: Men gaat op reis om thuis te komen, lo cual admite dos interpretaciones. La primera es: ‘Viajamos para volver a casa’ (o ‘Se viaja para volver a casa’), en el sentido literal de volver al lugar donde uno vive, y más en concreto a su propia vivienda. Así es como he interpretado yo hoy ese verso que he visto tantas veces, porque ese era el contexto en que me encontraba. Estaba volviendo a casa después de un viaje.

Pero, en neerlandés, el verbo thuiskomen también significa ‘sentirse en casa’ en algún sitio. Alguien a quien le guste mucho el mar, por ejemplo, podría decir que ir a la playa es thuiskomen, porque allí se siente en casa.

La otra interpretación del verso de Bomans sería, por tanto: ‘Viajamos para sentirnos en casa’ (o ‘La gente viaja para sentirse en casa’, pues el men neerlandés también admite esa forma).

Cuando vives, piensas y sueñas en una lengua, no sueles pararte a buscar dobles sentidos a las palabras en situaciones cotidianas. Simplemente, aplicas la interpretación adecuada según el contexto dado y sigues a lo tuyo.

Pero hoy, tal vez por encontrarme en un contexto tan literal de volver a casa tras una larga ausencia, después de la primera lectura del verso de Bomans he hecho inmediatamente la segunda y me he dado cuenta de lo maravilloso que es el verbo thuiskomen en neerlandés y el uso tan inteligente que hace el poeta de él.

Viajamos para encontrar algún sitio donde nos podamos sentir en casa, pero también para volver a casa después del viaje con una experiencia vital más en la mochila y esa sensación de estar regresando a nuestro lugar en el mundo. Ese es el sentido del verso de Bomans. Pero él sólo necesita ocho palabras para expresar todo eso.

He estado dos meses en Amberes. Allí me he sentido en casa. He traducido un ensayo de Alicja Gescinska sobre El segundo sexo de Simone de Beauvoir y cien páginas de Alcibíades (el hecho de que hayan sido cien páginas exactamente es pura casualidad), lo cual equivale a unas treinta y cinco mil palabras.

Y hoy he vuelto a casa.

Gonzalo Fernández Gómez

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