Los límites del crecimiento
Haarlem, sábado 10 de octubre de 2026 • Día 111
En el debate entre Alcibíades y Nicias sobre la expedición ateniense a Sicilia —que Alcibíades defiende y Nicias desaconseja—, Alcibíades explica que, para sobrevivir, el imperio tiene que seguir creciendo, y lo hace con una paradoja que conduce al crecimiento infinito, lo cual, obviamente, es imposible, pues en el mundo real hay límites y restricciones de todo tipo.
Estas son las palabras de Alcibíades en la versión novelada de Pfeijffer:
Cuando pensamos en el futuro de nuestro imperio, lo primero es comprender a fondo la naturaleza del mismo. Atenas somete a su poder e incorpora a su esfera de influencia a otras poblaciones y Estados para cobrar tributos con los que financiar la flota necesaria para conservar el control sobre dicha esfera de influencia. Cuanto más grande es nuestro imperio, más grande es la flota necesaria para ejercer el poder en el mismo, y cuanto más grande es nuestra flota, más debe crecer el imperio para financiar los costes de la flota. Nuestro imperio es una paradoja como la carrera entre Aquiles y la tortuga descrita por Zenón de Elea, según la cual Aquiles nunca alcanzará a la tortuga, pues cuando llegue al punto de partida de la tortuga, ésta ya habrá avanzado hasta un nuevo punto más alejado, y cuando Aquiles llegue a ese nuevo punto, la tortuga habrá alcanzado ya otro punto del camino, y así hasta el infinito.
Lo cual recuerda mucho a la premisa de crecimiento del capitalismo, aplicable tanto a empresas individuales como a economías enteras, y me ha hecho preguntarme si no habrá una vía distinta. ¿De verdad están todas las cosas del mundo condenadas a nacer, crecer y desplomarse al alcanzar los límites físicos o económicos del crecimiento? ¿O hay algún modo de crear algo y preservarlo en unas dimensiones óptimas?
Desde luego, si miramos al mundo actual y tomamos Estados Unidos como ejemplo de imperio, sólo podemos concluir que los delirios del payaso naranja sobre anexionarse Groenlandia, Canadá, Venezuela y qué sé yo cuántos países más son la prueba de que la historia se repite, o al menos rima, como se supone que dijo Mark Twain. Groenlandia será la Sicilia de Estados Unidos.
Gonzalo Fernández Gómez