09 AUG 2026

La reformulación: una de las técnicas de traducción más básicas

Haarlem, domingo 9 de agosto de 2026 • Día 49

La reformulación: una de las técnicas de traducción más básicas


Este diario empieza el 22 de junio de este año, el día que retomé la traducción de Alcibíades tras un larguísimo paréntesis por motivos que no vienen al caso. Pero el proyecto había empezado antes —mucho antes— y el parón en las tareas de traducción no significa que perdiera de vista al famoso estadista ateniense. De hecho, durante aquel periodo realicé tareas de prospección fundamentales.

Hoy, en el tren de vuelta a casa, he recordado, por ejemplo, que aún me falta por documentar el viaje a Atenas que hice en diciembre con ayuda financiera del Letterenfonds, el cual fue fundamental para visualizar la Atenas clásica y comprender mejor el escenario en que se desarrolló la vida política de Alcibíades.

Ya volveré sobre ese tema, pues, aunque sea con carácter retroactivo.

Recuerdo también que durante ese viaje encontré por fin una traducción satisfactoria de la famosa sentencia de Sócrates según la cual una vida sin examinar no merece la pena ser vivida. El sentido creo que está claro, pero la formulación de la mayoría de las traducciones resulta acartonada, tal vez por el uso poco natural del pasivo. Llevaba meses dándole vueltas al asunto y comparando traducciones, y al final di con la manera de expresar la idea en Grecia en el aire, un ensayo de Pedro Olalla en el que el autor parafrasea a Sócrates con las siguientes palabras:

Una vida sin reflexión no es vida para el hombre.

Como me gusta mucho lo compacta que es esa frase y lo bien que refleja la esencia de la idea, decidí copiarle la formulación a Olalla, que no hizo sino aplicar una de las técnicas de traducción más básicas, en concreto: formular con sus propias palabras el pensamiento de Sócrates.

Podría objetarse, y creo que con razón, que el uso de «hombre» como nombre genérico del ser humano es inadecuado hoy en día. Yo, al menos, hace tiempo que dejé de usar esa acepción de «hombre» que aún recoge la RAE. Pero en el contexto de la Grecia de Alcibíades, en la que sólo tenían derechos de ciudadanía los hombres (es más, únicamente un grupo de hombres de una clase muy determinada, pues tanto las mujeres como los esclavos y los metecos estaban excluidos), parece muy plausible que Sócrates atribuyera el privilegio de reflexionar exclusivamente a esos hombres. Y, aunque no lo hiciera, la hoy anticuada acepción genérica de «hombre» deja abierta la puerta a cualquier interpretación.

En cualquier caso, es un ejemplo excelente para ilustrar el hecho de que a veces tardamos meses en dar con una formulación adecuada para una idea, y que la pista definitiva se encuentra muchas veces en otros libros. En este caso se trataba de una sentencia muy famosa de Sócrates, pero podía haber sido una idea cualquiera que requiriera un sustantivo, adjetivo, verbo o adverbio preciso para cobrar vida y elevarse por encima de la mera traducción esclava de un supuesto original inamovible.

📷
En la foto, el templo de Hefesto en el ágora de Atenas, un edificio que Alcibíades vio en construcción a lo largo de toda su infancia y juventud y conoció ya terminado en 407 a. de C., el año de su último regreso a Atenas. La foto es mía.

Gonzalo Fernández Gómez

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