Los rollos de Alcibíades
Ciudad Rodrigo, martes 1 de septiembre de 2026 • Día 72

La frase de apertura del Libro IV de Alcibíades es la millonésima prueba de que un LLM nunca podrá traducir un texto literario de forma satisfactoria.
Un modelo lingüístico puede aprender el significado de expresiones idiomáticas y consultar una base de datos con miles de ejemplos de uso, pero cuando un autor crea un tropo hasta entonces inexistente —lo que en lingüística se denomina un hápax legómenon, fenómeno que se produce con más frecuencia de lo que creemos—, hace falta una mente humana para desentrañar el significado profundo de la imagen engendrada por el autor.
En la citada frase, Pfeijffer juega con el sustantivo boekrol (libro en forma de rollo, es decir, rollo de papiro) y el verbo oprollen (que significa tanto «enrollar» como «desmantelar» y «vencer»).
La frase comienza así:
Ik heb een nieuwe boekrol laten brengen om het verdriet van de winter op te rollen (...)
Que, literalmente, quiere decir:
* He encargado un nuevo rollo de papiro para enrollar la melancolía del invierno (...)
Y así es más o menos como traducen los LLM de DeepL y Kagi. La solución parece obvia, pero no lo es. No basta con sustituir «enrollar» por «vencer», porque la frase es más larga que esta breve muestra y el doble significado de oprollen tiene muchas más implicaciones.
Lo que ocurre aquí —entre otras cosas— es que Pfeijffer, al usar el verbo oprollen con el doble sentido de «enrollar» y «vencer», le da un valor metonímico a la «melancolía del invierno», que pasa a tener dos valores:
Con la acepción de «vencer», la melancolía del invierno es literalmente eso: tristeza.
Con la acepción de «enrollar», la melancolía del invierno alude metonímicamente al rollo de papiro del libro anterior, que termina con el relato de un hecho luctuoso acaecido en invierno.
Alcibíades quiere vencer su melancolía (1) dando por cerrado el capítulo anterior, es decir, enrollando el papiro en el que lo ha escrito (2) para continuar su relato en un nuevo rollo (el rollo que ha encargado), y Pfeijffer expresa esa idea con un arabesco lingüístico de cinco líneas.
Para interpretar esa segunda acepción hace falta un cerebro humano capaz de establecer el vínculo con el capítulo anterior. El lector sabe que cada capítulo del libro es un rollo de papiro (literalmente un libro), cosa que un programa de software, por definición, no puede saber, salvo que el programador introduzca manualmente esa información, lo cual, por otro lado, no tendría ningún sentido, pues cada novela emplea trucos narrativos tan específicos que habría que crear un modelo lingüístico para cada libro. Para programar ese modelo específico, además, el programador necesitaría ayuda de un especialista en literatura que conociera muy bien el estilo del autor en cuestión, y huelga decir que esa forma de trabajar no sólo sería absurda, sino mucho más cara e ineficiente que poner el texto directamente en manos de un traductor literario profesional.
En el ejemplo propuesto, la traducción al castellano probablemente tenga que desdoblar el verbo oprollen para hacer explícita la referencia al capítulo anterior, pues al no haber en castellano un verbo con el doble valor de «enrollar» y «vencer», el párrafo carecería de sentido o, cuando menos, resultaría críptico e incluso incomprensible.
Llevo todo el día dándole vueltas a esa frase y todavía no sé por dónde meterle mano. Porque, como digo, la frase es mucho más larga que la cita aquí comentada —a la cual me limito por no hacer esto más árido de lo que ya es—, y la forma de traducir, interpretar o desdoblar ese oprollen («enrollar» y «desmantelar» o «vencer») tiene implicaciones para el resto del párrafo.
Hace mucho calor en Ciudad Rodrigo. Estoy en el balcón y tengo el cerebro como un camembert olvidado al sol después de una merienda.
Gonzalo Fernández Gómez