30 SEP 2026

Transcreación

Haarlem, 30 de septiembre de 2026 • Día 101

Transcreación


Claudia Di Palermo, una estupenda colega italiana, se ha acercado a charlar conmigo durante una de las pausas entre las sesiones del 25 aniversario del ELV, celebrado hoy en Amsterdam, y me ha contado una cosa sumamente interesante.

Por lo visto, Claudia trabaja a tiempo completo en Adidas —no tenía ni idea— como coordinadora de los traductores de esa empresa en todo el mundo. A raíz de eso ha surgido una conversación sobre la creatividad que requiere la traducción de eslóganes y mensajes publicitarios, que en la mayoría de los casos incluyen dobles sentidos, referencias culturales o giros idiomáticos más o menos adaptados a una intención comunicativa determinada. En esas estábamos cuando Claudia me ha dicho que en Adidas no hablan de traductores y traducciones, sino de transcreadores y transcreación. En el ámbito literario, que yo sepa, el concepto de transcreación lo introdujo Haroldo de Campos para referirse al proceso de traducción de poesía. Pero ahora, por lo visto, se está convirtiendo en un término de moda en el mundo del marketing. Tiene gracia que un concepto surgido de la teoría de la traducción literaria haya pasado a definir el trabajo de traducción en el ámbito del marketing. Tal vez porque la gente del marketing sabe vender su moto mejor que los traductores sabemos vender la nuestra. Esto último no es gratuito, pues es precisamente esa conceptualización de la traducción como actividad creativa —a través del término «transcreación»— lo que está salvaguardando los puestos de trabajo de los traductores comerciales de Adidas de la voracidad de la máquina.

Ahora ya es tarde y tengo el cerebro demasiado fundido como para profundizar en este asunto, pero me pregunto si no ha llegado el momento de redefinir la traducción literaria y darle un nombre nuevo que transmita toda la carga de creatividad que implica la tarea. El concepto de traducir es insuficiente a todas luces para definir nuestro trabajo, pues la propia idea de traducir implica —o al menos parece sugerir— que hay equivalencias entre los distintos idiomas y que, por lo tanto, basta con disponer de un diccionario —o un LLM— para expresar en una lengua lo que se ha expresado antes en otra.

Durante una de las charlas de hoy en Amsterdam, alguien ha dicho que hace falta un sello de calidad para diferenciar la traducción humana de la traducción automática. Y así es. Pero ese sello sería todavía más efectivo si acertáramos a darle un nombre nuevo a la traducción creativa. El concepto de traducción podría quedar entonces para la máquina, mientras que un sustantivo nuevo concebido de forma similar a «transcreación» definiría la actividad humana de trasladar un texto literario a otra lengua, lo cual sólo está al alcance de alguien con un manejo exquisito del lenguaje literario y amplios conocimientos lingüísticos, culturales y sociales de las lenguas de origen y destino.

Valga esta entrada como mera nota personal para volver sobre este asunto más adelante.

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En la imagen: Haroldo de Campos, defensor del concepto «transcreación» para definir la actividad de traducir textos literarios de género poético.

Gonzalo Fernández Gómez

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