Productividad
Haarlem, jueves 8 de octubre de 2026 • Día 109
Hoy ha sido un día relativamente movido. Por la mañana ha venido un representante de una empresa de casetas de jardín para discutir la obra que queremos hacer en el jardín, valga la redundancia (aunque jardín tal vez sea una palabra demasiado pretenciosa para definir lo que tenemos detrás de la casa, aunque no sé si hay otra, porque, en sentido estricto, tampoco es un patio). Luego tenía doble cita en el dentista, primero con la higienista dental y luego con la dentista propiamente dicha. Vuelva a valer la redundancia. Después del dentista he dado el día por perdido y he salido a correr, y cuando he vuelto a casa me he encontrado a Michele de mal humor porque, a pesar del tiempo que ha perdido en hacer llamadas, aún no habían venido los del mantenimiento de la caldera, que a esta hora, de hecho, ya puedo decir que no han venido en absoluto.
Y, sin embargo, a pesar del torrente de distracciones que no cesan, estoy siendo ya muy productivo. Esta mañana, por ejemplo, he superado las mil palabras antes del mediodía por segundo día consecutivo. Entendiendo mediodía en sentido literal —es decir, las doce—, no en el sentido impreciso que se le da a ese concepto en España. Con ese nivel de productividad, los días libres de distracciones de los que disponga durante los próximos tres meses debería avanzar a grandes pasos. Esto marcha.
Gonzalo Fernández Gómez