Jenofonte: breve ejemplo de lo que cuesta a veces traducir un párrafo
Amberes, viernes 31 de julio de 2026 • Día 40
Ayer hablé de la breve escena en que Alcibíades examina un caballo en la finca de Sófocles. Pero ayer estaba yo muy distraído, por lo que esta mañana he decidido volver sobre ella y ahora se me ocurre que tal vez ayude una fotografía para visualizar el fragmento del que estoy hablando.

No sé a quién puede interesarle esto. Desde luego, dudo mucho que al lector medio, que una vez publicado el resultado final tardará poco más de treinta segundos en leer la escena y tirará para adelante ansioso por saber cómo continúa la historia.
Pero cuando empecé este proyecto, uno de mis objetivos era, precisamente, documentar el trabajo que conlleva una traducción literaria de estas dimensiones, haciendo hincapié en las distintas tareas que implica (que a efectos de este proyecto y como ya expliqué en otra entrada, he dividido en cinco, a saber: gestión del proyecto, documentación, traducción, revisión y seguimiento), por lo que tal vez sea este un buen ejemplo —con apoyo visual— de un párrafo que requiere mucho más que una simple labor de traducción.
Para el fragmento en cuestión, el autor se basa en un texto de Jenofonte sobre las cualidades del caballo ideal en la época de Alcibíades (De la equitación, originalmente Περὶ ἱππικῆς).
La foto muestra todas las frases que contienen referencias a Jenofonte, marcadas en colores alternos con el único objetivo de visualizarlas mejor y que no me patinen los ojos cada vez que busco la frase en la que estoy trabajando en cada momento.
Para traducir ese fragmento he tenido que hacer tres de las cinco tareas señaladas más arriba:
Gestión del proyecto
Localizar las fuentes de Jenofonte tanto en neerlandés como en castellano, documentarlas y archivarlas en mi carpeta del proyecto.Documentación
Leer las fuentes, buscar información relevante sobre el contexto en que Jenofonte escribió su opúsculo, comparar las traducciones disponibles y buscar terminología hípica moderna.Traducción
La tarea de traducción propiamente dicha, para la que he empleado una combinación de la terminología utilizada en la traducción canónica de Jenofonte al castellano y léxico hípico de aceptación más generalizada hoy en día. También podría incluir aquí tiempo de revisión, porque le he dedicado tanto tiempo al fragmento que he tenido que revisarlo y rehacerlo en múltiples ocasiones, por lo que se podría decir que esta página ya tiene una primera ronda de revisión, pero dejémoslo en tiempo de mera traducción.
Aunque no llevo el tiempo con cronómetro, en total calculo que, entre ayer y hoy, le he dedicado unas siete horas a este fragmento. Siete horas para un fragmento al que ningún lector prestará más de unos segundos de atención.
¿Podría traducir un LLM un fragmento como este? Supongo que sí. Pero ¿podría traducirlo con una atención tan detallada a las fuentes, el ritmo y el léxico entre arcaizante, técnico y accesible para el lector medio? Ni de coña.
¿Vale la pena el esfuerzo? Sin duda alguna.
¿Estamos locos los traductores? Me temo que sí.
Gonzalo Fernández Gómez