Cómo documentar un proyecto de traducción literaria
Amberes, viernes 3 de julio de 2026 • Día 12

La traducción literaria es, en muchos sentidos, una actividad similar a correr o montar en bicicleta. Después de cada parón cuesta mucha energía ponerse otra vez en marcha y se tarda mucho en alcanzar de nuevo lo que yo llamo velocidad de crucero. Por eso son tan inoportunos los semáforos en rojo, como podríamos llamar al paréntesis forzado que me vi obligado a abrir la semana pasada.
Una forma de volver a meterse en faena y coger otra vez el ritmo es dedicarse a alguna de las muchas tareas periféricas que implica un proyecto tan complejo como Alcibíades.
Cuando empecé a trabajar en esta novela me propuse registrar todas mis horas de trabajo, clasificándolas en cinco categorías:
Gestión del proyecto
Documentación
Traducción
Revisión
Postproducción y seguimientoHoy, por ejemplo, me he dedicado principalmente a lo que yo llamo «Gestión del proyecto», que incluye todas las tareas administrativas relacionadas con el trabajo, desde el contacto con la editorial y el tráfico de correos electrónicos con distintos interlocutores hasta la organización del archivo digital y el registro de las horas trabajadas.
El objetivo era —y sigue siendo— utilizar este proyecto como un ejemplo práctico con el que mostrar todas las tareas que implica la traducción literaria y el tiempo que lleva cada una de ellas. A los traductores nos pagan por volumen de texto medido en número de palabras o caracteres. Pero la traducción propiamente dicha no es más que una de las muchas tareas del traductor. En todo proyecto de cierta enjundia, la cantidad de horas que se nos van en documentarnos (consultar fuentes, leer textos literarios relevantes, informarnos sobre el tema de la novela...) representa muchas veces un porcentaje muy alto del volumen total de tiempo de trabajo.
De las cinco categorías que definí al empezar este proyecto, ya he dedicado tiempo a las tres primeras. Las dos últimas —«Revisión» y «Postproducción y seguimiento»— no serán relevantes, obviamente, hasta que complete el primer borrador.
De momento he trabajado 94 días en Alcibíades (entendiendo por día de trabajo todo aquel en el que dedico al menos una hora de mi tiempo a alguna tarea relacionada con el proyecto) y llevo un total de 353 horas trabajadas. Puesto que aún estoy en una fase muy prematura, de momento no voy a entrar en más detalles, pero a modo de teaser puedo mostrar este gráfico que refleja el porcentaje de tiempo dedicado hasta ahora a cada una de las tres primeras categorías:

En la fase en la que me encuentro ahora mismo, el porcentaje de tiempo de traducción irá creciendo rápidamente, pero aún me falta por hacer mucho trabajo de documentación y, al final del trayecto, también será interesante ver qué porcentaje del total representa la revisión de un texto con tanta densidad de información.
Por ahora dejo esto aquí como botón de muestra de lo que se cuece en la cocina de un proyecto mastodóntico de traducción literaria.
Y sí, ya sé que aún tengo que contar lo del corte del gas en la Casa del Traductor de Amberes. De momento seguimos a base de duchas de agua fría, pero parece ser que pronto habrá una solución temporal. Con énfasis en el adjetivo «temporal».
Gonzalo Fernández Gómez