Lo que se pierde en una traducción
Haarlem, jueves 13 de agosto de 2026 • Día 53

Uno de los aspectos más fascinantes de Alcibíades, la gran novela histórica de Ilja Leonard Pfeijffer, son los sutiles paralelismos que establece el autor entre el fin de la democracia ateniense y la situación política actual en Occidente. Las similitudes son aterradoras: auge del populismo de extrema derecha, nostalgia de un pasado mítico que nunca existió, concentración de poder en manos de las clases privilegiadas, discursos demagógicos, uso del miedo como herramienta para manipular a las masas y un largo etcétera. Pfeijffer lo formula todo de tal manera y elige sus palabras con tal tino que, mientras describe las maquinaciones políticas de atenienses y espartanos durante la guerra del Peloponeso, remite también de forma velada a nuestra era con ciertos neologismos políticos que él usa en un sentido diacrónico. El lector atento sabrá identificar todos esos paralelismos y los disfrutará como quien degusta un buen guiso preparado con mucha dedicación.
Pero hay determinados guiños que, como ocurre siempre en las buenas novelas, se pierden inevitablemente en el proceso de traducción, pues aluden a hechos concretos que sólo pueden conocer los hablantes de la lengua original, o incluso aquellos de una generación específica. En el Alcibíades de Pfeijffer hay algunos ejemplos fabulosos de este tipo de mensajes ocultos que si estuviéramos en un contexto tecnológico llamaríamos Easter eggs. Ayer tropecé con uno de ellos.
Tras las elecciones generales de marzo de 2021 en los Países Bajos, el entonces presidente en funciones Mark Rutte —tristemente conocido ahora en todo el mundo como servil presidente de la OTAN— mintió a la prensa sobre lo que se había hablado en las negociaciones. Cuando la mentira salió a la luz, Rutte afirmó ante el parlamento que había actuado de buena fe y pronunció las legendarias palabras: «Ik heb het me verkeerd herinnerd», fórmula que ha pasado a la historia reciente de los Países Bajos como eufemismo superlativo de «He mentido descaradamente y me da igual lo que penséis».
La famosa frase de Rutte admite distintas traducciones: «Mi recuerdo era erróneo»; «Lo recordé mal»; «Lo recordaba de otra manera»; «Me engañó el recuerdo», etcétera, pero lo esencial aquí es que el legendario mentiroso holandés utilizó una formulación alambicada para dar a entender que había sido honesto, pues, según él, dijo lo que recordaba, aunque luego resultara que su recuerdo era erróneo.
El Alcibíades de Pfeijffer es un político y militar ateniense dispuesto a cualquier cosa para hacer realidad sus ambiciones. Traición, demagogia, engaños flagrantes y hasta cambio de bando en plena guerra. Los fines de Alcibíades justifican siempre cualquier medio.
Durante la paz de Nicias, Alcibíades se pone a mover hilos en la sombra para forjar una alianza con Argos y reanudar la guerra, que es lo que conviene a sus intereses políticos. Para ello, traiciona a una delegación espartana desvelando ante la asamblea una mentira que él mismo les había aconsejado decir.
En el momento de confrontar a los espartanos públicamente con su mentira, Pfeijffer pone en boca de Alcibíades las palabras de Rutte:
Maar misschien herinner ik het mij verkeerd (página 174 del original).
Esa frase, que obviamente es traducible —y de hecho he traducido ya provisionalmente como «Aunque puede que mi recuerdo sea impreciso»—, no supone ningún obstáculo para el lector hispanohablante, pues es perfectamente lógica en el contexto dado.
Pero para el lector neerlandófono que recuerde el escándalo político que supusieron las palabras de Rutte y el choteo que hubo —y sigue habiendo— a raíz de ellas, ver esa formulación en boca de Alcibíades es un tremendo guiño al hecho de que el contexto histórico cambia continuamente, pero las estrategias mendaces de los políticos son de todos los tiempos.
Por desgracia, para el lector hispanohablante no sólo se pierde ese guiño, sino también lo gracioso que resulta el eufemismo en la formulación neerlandesa debido, más que nada, a lo amplio que es el campo semántico de verkeerd (erróneo, equivocado, incorrecto, impropio, etcétera) y el uso retorcido que hizo Rutte de él.
Gonzalo Fernández Gómez