Eclipse
Haarlem, miércoles 12 de agosto de 2026 • Día 52

Hoy es el día del eclipse. Nunca he entendido la fascinación que siente la gente por los eclipses. Sí, por supuesto, es un fenómeno astronómico interesante, pero el hecho de que se alineen tres cuerpos celestes en el firmamento y durante un breve espacio de tiempo parezca que ha empezado el crepúsculo no da, a mi juicio, para derrochar tanta tinta y tanto espacio en las noticias como suele ocurrir y como, desde luego, está ocurriendo este año.
Puede que la fascinación radique en que la gente, a pesar de ser un fenómeno aclarado por la ciencia desde hace siglos y muy fácil de explicar, le otorga algún tipo de significado mágico. Tal vez seamos más supersticiosos de lo que nos gusta creer.
En la Grecia clásica, aunque los astrónomos ya tenían muchos conocimientos sobre el movimiento de los cuerpos celestes, es más comprensible que se dejaran impresionar por estos fenómenos.
En la novela de Pfeijffer, sin embargo, Alcibíades permanece más o menos impasible durante los dos eclipses de sol que vivió en su vida y, como mucho, les otorga un sentido metafórico. El primero se produjo tras el primer año de la guerra del Peloponeso, y Alcibíades lo recuerda así en su autobiografía ficticia:
Cuatro días antes de mi decimonoveno cumpleaños se produjo un eclipse de sol. Aunque los astrónomos me habían ilustrado acerca de ese fenómeno, lo cierto es que nunca lo había vivido personalmente. A primera hora de la tarde, el sol empezó a ocultarse detrás de la luna hasta que sólo quedó una delgada hoz brillante en el cielo. El campo se sumió en una oscuridad crepuscular y las estrellas más brillantes se hicieron visibles en el firmamento. Los pájaros dejaron de trinar. Un singular manto de luz plateada cubrió el mundo y, poco después, todo volvió súbitamente a la normalidad. Durante unos breves instantes, se había hecho de noche en pleno día. Aún recordaba con cierta nitidez las explicaciones de los astrónomos, y sabía, por tanto, que no debía otorgar ningún significado especial a aquel evento, pero no pude evitar interpretarlo como una metáfora de la guerra tal y como se había desarrollado hasta entonces. El enemigo nos había sumido brevemente en las tinieblas y después, por algún misterioso motivo, todo había vuelto más o menos a la normalidad.
También hubo un eclipse de luna durante la campaña de Sicilia, aunque para entonces Alcibíades ya no estaba allí. Y ese eclipse sí impresionó mucho a los atenienses y tuvo significado histórico, porque Nicias, que era muy supersticioso, lo interpretó como una señal divina y aplazó la retirada que estaba planeada para ese día, lo que acabó pagando Atenas con la pérdida de su flota. Ese hecho histórico y bien documentado por, entre otros, Tucídides y Plutarco, también forma parte de la novela, aunque todavía no he llegado a ese punto.
Gonzalo Fernández Gómez