Feminismo retroactivo
Haarlem, sábado 15 de agosto de 2026 • Día 55

Muchas lectoras dicen que Alcibíades, la gran novela histórica de Ilja Leonard Pfeijffer, es un relato de hombres y para hombres. Lamentan, por ejemplo, que haya tan pocas mujeres con un papel relevante en la novela y que todo gire en torno a cosas supuestamente de hombres como la estrategia militar y la lucha por el poder político.
Por un lado, no les falta parte de razón. A fin de cuentas, el tema de la novela es la vida de uno de los protagonistas principales de la guerra del Peloponeso, que fue un asunto de hombres. Pfeijffer, sin embargo, les otorga un papel determinante a las mujeres en la vida de Alcibíades y le da a su biografía un giro que cabría denominar como feminismo retroactivo.
Hipareta, por ejemplo, la primera mujer de Alcibíades, le da una lección al héroe de la novela amenazándolo con separarse de él y, en la escena subsiguiente, durante un interesantísimo diálogo sobre el honor y la gloria, lo convence de que ningún hombre alcanzará nunca la grandeza si no se atreve a ser también mujer (lo cual podría entenderse igualmente como dar rienda suelta a su lado femenino; aún tengo que darle una vuelta a la formulación exacta). En cualquier caso, lo cierto es que esa idea se convierte a partir de ese momento en uno de los leitmotivs del Alcibíades de Pfeijffer y se repite hasta en siete ocasiones a lo largo de la novela.
Otro hecho interesante, en ese sentido, es la mención honorífica que hace el autor de la poetisa Telesila, de quien Alcibíades oye hablar durante su estancia en Argos como embajador, en el marco del conflicto entre oligarcas y demócratas en la ciudad aliada de Atenas.
Hay una leyenda según la cual, cuando el rey espartano Cleómenes derrotó a los argivos y se disponía a tomar la ciudad, Telesila conjuró el peligro con un ejército de mujeres a las que ella misma proveyó de armas. Según los expertos, es probable que esto no ocurriera nunca, a pesar de lo cual el Alcibíades de Pfeijffer lo relata como un hecho real y se infunde ánimos inspirado por Telesila, cuyo ejemplo se propone seguir. Quitando a Pericles y Sócrates, nadie tiene una influencia tan decisiva en Alcibíades como las mujeres de la novela, lo cual contribuye a compensar en gran medida el hecho de que, como decía al principio, se trate de una historia de hombres.
Y todo esto sin hablar de Timandra, episodio de la vida de Alcibíades del que ya hablaré en su momento.
Tampoco faltan, por otro lado, los zascas a la masculinidad tóxica, como cuando, en el mismo contexto del conflicto argivo, Pfeijffer describe una festividad en honor de Afrodita en la que se sacrifica un cerdo en honor a la diosa y dice por boca de Alcibíades:
Ofrendarle un cerdo a Afrodita es, bajo mi punto de vista, como ofrecerle un pez a Poseidón, pues si hay algo que le sobra a la diosa son hombres que se comportan como cerdos con la excusa de su festividad.
Por fin ha refrescado un poco. Hace un día fabuloso para estar entre libros. El sol ha desaparecido y la temperatura es lo bastante agradable como para trabajar con la ventana abierta.
Gonzalo Fernández Gómez