27 AUG 2026

Hombres de Atenas

La Alberca, jueves 27 de agosto de 2026 • Día 67

Hombres de Atenas


Una de las cosas que llama inmediatamente la atención de Alcibíades —al menos para quienes no somos expertos en textos griegos antiguos— es la fórmula vocativa con que Alcibíades se dirige a su público objetivo, en concreto: «hombres de Atenas» («ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι» en griego antiguo), apelación que se repite en múltiples ocasiones a lo largo de la novela.

En la entrada del 29 de junio ya escribí sobre este asunto. Me preguntaba entonces si esa fórmula era una opción estilística de Pfeijffer o un tratamiento documentado en textos antiguos. Pues bien, hoy me he parado por fin a investigar el tema y, efectivamente, ésas eran las palabras exactas con que los oradores de la época de Pericles apelaban a su audiencia en la asamblea, los tribunales y otras instituciones cívicas. Pero ¿a quién se referían en el siglo V a. de C. cuando hablaban de «hombres de Atenas»?

Todas las fuentes confirman que con esa fórmula apelaban únicamente a los hombres con derechos de ciudadanía (lo cual, en la Atenas de Pericles, equivalía a decir «hombres con derechos políticos»). Quedaban excluidos, por tanto, los metecos (inmigrantes), los esclavos (aunque hubieran obtenido la libertad por alguna vía), las mujeres y los niños. Es a ellos —a los ciudadanos u hombres con derechos políticos— a quienes se dirige Alcibíades, pues son ellos los únicos ante quienes tiene que rendir cuentas de sus decisiones políticas y militares.

Esos eran más o menos los argumentos que usaba yo en la citada entrada del 29 de junio para justificar mi primer impulso de traducir «ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι» como «ciudadanos de Atenas», pues aunque el significante es «hombres», el significado es «ciudadanos» (también denominados «πολίτης» o «polites» en griego antiguo, aunque ese término parece que se utilizaba más para referirse a un ciudadano cuando se quería hacer hincapié en su capacidad para ejercer derechos políticos, es decir, en contextos más jurídicos).

Ahora, sin embargo, dudo si debo ceñirme a la literalidad de la expresión original («hombres de Atenas»), pues esa es la opción tanto de Pfeijffer como de René Kraus en La vida privada y pública de Sócrates, dos autores cuya autoridad en materia de la antigua Grecia está fuera de toda duda.

La cuestión ha conducido hoy a una acalorada discusión con mi hermano —que también es de armas tomar— durante la comida en La Abadía. Al final hemos llegado a la conclusión de que ambas alternativas («hombres» y «ciudadanos») son defendibles por distintos motivos, aunque yo sigo sin tomar una decisión definitiva. De momento, en el borrador, estoy usando «ciudadanos de Atenas», pues, como ya he explicado más arriba, el término «ciudadano» tenía en aquel contexto histórico un significado muy específico, distinto al que ha adquirido más tarde de «conjunto de habitantes de una ciudad». Para este último concepto, los griegos de la Atenas de Pericles no tenían un término concreto más allá de «ἄνθρωπος» (ánthrōpos), es decir, «seres humanos». No obstante, creo que necesito argumentos más sólidos para decidirme finalmente a divergir de la expresión literal «hombres de Atenas». Y, si no los encuentro, quizá debería dar marcha atrás y limitarme a la traducción literal.

Observo, en cualquier caso, que otros traductores también se han devanado los sesos en mayor o menor medida con el asunto, pues en las traducciones que tengo aquí a mano veo dos criterios distintos. En la biografía de Sócrates de la que vengo hablando los últimos días, Miguel de Hernani traduce literalmente como «hombres de Atenas», es decir, respeta la opción de Kraus, independientemente de cuál sea el criterio que utiliza para ello. Y en la edición de Austral de Apología de Sócrates (Platón), Enrique López Castellón tira por la calle de en medio y traduce «ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι» como «atenienses», lo cual es a mi juicio muy impreciso, pues atenienses eran también las mujeres, los esclavos y los niños.

Ya veremos en qué queda la cosa.

📷
Imagen: Discurso fúnebre de Pericles, grabado de Philipp Foltz (ca. 1875), Rijksmuseum (Amsterdam), Wikimedia Commons.

Gonzalo Fernández Gómez

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