Las miradas bizcas de Píndaro
Ciudad Rodrigo, lunes 7 de septiembre de 2026 • Día 78

Esta mañana me he enredado otra vez con las fuentes de Alcibíades.
Cuando un autor cita otro texto y desarrolla un argumento basándose en la cita en cuestión, la traducción es siempre problemática, especialmente cuando la cita procede de un tercer idioma, distinto de las lenguas de origen y destino.
Tomemos por ejemplo a Píndaro, una de las muchas fuentes antiguas de Alcibíades. En el capítulo 2 del Libro IV, Pfeijffer cita entre comillas varios versos de la séptima oda pítica del famoso poeta. Las comillas indican literalidad, o al menos la sugieren, y ahí empiezan los problemas, porque cuando se trata de textos tan antiguos, la literalidad es un concepto muy escurridizo.
Un neófito en estas cuestiones supongo que propondría buscar una traducción existente de Píndaro al castellano, localizar la cita en cuestión y pegarla en el texto. Asunto arreglado. Esa sería también, probablemente, la estrategia de una máquina. Pero la cosa es mucho más compleja.
En el caso que nos ocupa, para empezar, Pfeijffer cita la fuente, pero no una traducción específica, lo que hace suponer que la traducción de Píndaro al neerlandés es suya. A fin de cuentas, él domina el griego clásico y nadie le impide hacer su propia traducción de la oda. Aunque yo no sé griego, me atrevería a afirmar que Pfeijffer opta por una traducción —ya sea suya o existente— que le permite utilizar ciertos recursos retóricos, o bien aplica ciertos recursos retóricos que, casualmente, encajan con la traducción elegida, pero nunca van a encajar con una traducción existente al castellano (luego pongo un ejemplo de esto).
De momento, vamos a ver el caso en cuestión, porque si no todo lo que estoy diciendo es muy abstruso.
La oda de Píndaro habla de la envidia que inspiran los triunfadores. Independientemente de lo que diga el original —que yo no puedo evaluar por mi ya mencionado desconocimiento del griego—, Píndaro expresa su idea, más o menos, en los siguientes términos:
El precio de la gloria es la envidia que inspira en los demás
Pfeijffer cita ese verso con estas palabras:
La gloria se paga con miradas bizcas
Esto último, obviamente, no tiene ningún sentido en castellano, pero en aras de mi explicación, es importante ofrecer la cita literalmente. En neerlandés, «mirar a alguien con ojos bizcos» es una expresión idiomática que significa «mirar a alguien con envidia». Hasta ahí, todo bien. Ningún problema. Pero puesto que Pfeijffer alude a la envidia con una expresión, poco después se puede permitir la siguiente construcción, en la que menciona dos veces el concepto de envidia sin caer en la repetición:
La gloria se paga con miradas bizcas y la democracia es envidia institucionalizada.
En castellano, puesto que no tenemos una metáfora similar para la envidia, habría que repetir aquí dos veces «envidia», lo cual no sólo resultaría poco atractivo desde un punto de vista estilístico, sino que empobrecería el texto conceptualmente, pues las «miradas bizcas» a las que se alude Pfeijffer incluyen también la idea de miedo y odio del pueblo al triunfador, aunque esto último sólo se desprende de la argumentación que desarrolla el autor a raíz de los versos de Píndaro.
En esencia, la cuestión es la siguiente: el abuelo de Alcibíades ganó una carrera de cuadrigas (al final me he decidido por la pronunciación llana), y el pueblo, ciego de odio y envidia, lo condenó al ostracismo. Ahora, Alcibíades ha ganado también una carrera de cuadrigas y, para no ser objeto de la envidia y el odio del pueblo, decide organizar una serie de festividades con el fin de que la gloria del triunfo le corresponda a Atenas en vez de a él personalmente, pues la mera generosidad con el pueblo no basta.
A partir de ahí, una vez que hemos llegado al fondo del asunto, todo es ya cuestión de creatividad, y cualquier opción será siempre discutible.
Casi todo el mundo estará de acuerdo en que aquí lo importante es mantener la idea de envidia en el verso de Píndaro y buscar una alternativa para la apostilla de Pfeijffer («la democracia es envidia institucionalizada»), donde «envidia» podría sustituirse, por ejemplo, por «ojeriza», cuyo campo semántico es más amplio, pero cuadra bien en la argumentación que desarrolla el capítulo.
Mi traducción provisional de Píndaro dice:
Pues por encima de todo,
es esto lo que oprime al hombre:
que la gloria se paga con envidia
De modo que la posterior alusión a esos versos quedaría así:
El pueblo tiene tendencia a confundir generosidad con altanería y a desconfiar de la magnanimidad como síntoma de ambiciones totalitarias. La gloria se paga con envidia y la democracia es ojeriza institucionalizada.
Lo que no me sirve, en cualquier caso, es la traducción de Píndaro que hizo Alfonso Ortega para la Biblioteca Clásica Gredos, que por algún motivo habla de «obras hermosas», lo cual puede que tenga una justificación lingüística y literaria, no lo sé, pero se va por unos derroteros muy distintos a la trama del capítulo de Alcibíades, donde todo gira en torno a la gloria alcanzada en las carreras de cuadrigas, que es lo que provoca la envidia del pueblo. La traducción de Ortega dice así:
Pero esto me duele:
que la envidia se vuelva a las obras hermosas.
Todas estas consideraciones me han llevado una mañana entera. Los mamelucos que van por ahí diciendo que una máquina puede o no tardará en poder traducir un texto literario no saben de lo que hablan. Es más, en casos como este ni siquiera me valdría la traducción de la máquina como borrador, pues tendría que hacer esta investigación de todas formas y desmenuzar todos los gazapos del robot, lo cual me acabaría costando más trabajo que empezar con una página en blanco.
Tiene gracia también, aunque esto es ya otro asunto, que Píndaro tenga la mirada estrábica en el retrato que he encontrado de él, lo cual, obviamente, es fruto de la casualidad y no tiene nada que ver con el tropo neerlandés que utiliza Pfeijffer para expresar la idea de envidia.
Último día de calor extremo de este año, al menos para mí. Espero que ya durante muchos y largos meses.
Gonzalo Fernández Gómez