23 JUN 2026

Caos y populismo

Amberes, martes 23 de junio de 2026 • Día 2



Tiene gracia que justo en el momento en que Atenas se sume en el caos a consecuencia de la muerte de Pericles y Pfeijffer espolvorea su texto generosamente con todo tipo de sinónimos y términos del amplio campo semántico de «caos» (χάος), caiga en el buzón de la Casa del Traductor una edición del periódico local cuya portada dice en grandes letras: Caos en Zurenborg. Y aunque el caos en Zurenborg se debe a las molestias causadas por una serie de obras municipales y, por tanto, es algo menos inquietante que el desgobierno que se vivió en Atenas durante los años inmediatamente posteriores a la muerte de Pericles, sólo puedo constatar que tanto el mundo de ficción que habito mentalmente como mi realidad inmediata están regidos por el caos, impresión que no hace sino agudizar el hecho de que en casa seguimos sin gas (otro día a lo mejor cuento por qué).

Uno de los méritos de la novela de Pfeijffer es que, aunque la acción se desarrolla en la Grecia del siglo V a. C., el autor maneja el relato de tal forma que, sin hacerlo explícito en ningún momento, se crean interesantes paralelismos con ciertas tendencias políticas que sufrimos hoy en día en el mundo.

El siguiente párrafo es un interesante ejemplo de ello. Pfeijffer describe con fundamento histórico el caos político fruto de la epidemia que se desató en Atenas en el verano de 430 a. C. —la cual acabaría costándole la vida a Pericles—, pero el lector sabe que todo lo que dice alude también de forma velada a la radicalización de ciertos sectores de la sociedad actual a consecuencia de cierta pandemia que todos tenemos aún muy fresca en la memoria.

La epidemia había creado un caldo de cultivo propicio para el extremismo, pues las reacciones iniciales de impotencia y frustración actuaron como combustible de un estado general de agitación emocional sumamente inflamable que no sólo era impredecible e incontrolable, sino también fácil de manipular. La gente estaba cabreada, cansada y desalentada, todo lo cual daba pie a actitudes de insumisión que, a su vez, abonaban el terreno con un humus fértil para decisiones tan irracionales como radicales e impulsivas. Y una vez que se genera un clima en el que los puntos de vista extremos producen una cacofonía sobre la que sólo es posible elevar la voz con posturas cada vez más extremas, resulta muy difícil encontrar el camino de vuelta a la sensatez y los juicios producto de un análisis sosegado.

Huelga decir que todas las citas de Alcibíades que vengan a parar a este blog se encuentran en un estado aún muy embrionario del borrador. Puede que algunas cambien en la versión definitiva o puede que no. En el primer caso, tal vez sea interesante algún día ver cómo y por qué.

Gonzalo Fernández Gómez

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