Bloques de tiempo
Amberes, miércoles 24 de junio de 2026 • Día 3
Hay dos tipos de traductores literarios: aquellos que son capaces de trabajar en cualquier circunstancia o condición —bien porque tengan una capacidad de concentración sobrenatural o porque sus circunstancias personales los hayan obligado a adaptarse a la incertidumbre horaria y logística—, y aquellos que necesitan crear bloques de tiempo lo más amplios posible sin otra obligación más que traducir. Yo pertenezco al segundo grupo.
Durante muchos años, mi vida privada me permitió crear bloques de tiempo muy amplios, a veces de varias semanas, incluso meses, para sumergirme por completo en el mundo de ficción de la novela que me tuviera ocupado en cada momento. Ahora la cosa es más complicada y a veces me puedo dar con un canto en los dientes si consigo liberar la agenda por completo durante tres o cuatro días seguidos.
Mi presente estancia de dos meses en la Casa del Traductor de Amberes iba a constituir el primer bloque de tiempo considerable desde hacía casi dos años para dedicarme por completo a Alcibíades, la gran novela histórica de Ilja Leonard Pfeijffer y tema central de este diario, pero la cosa empezó ya mal antes incluso de venir, pues, por una desafortunada concurrencia de circunstancias domésticas que no vienen al caso, llegué a Amberes sabiendo que en algún momento tendría que interrumpir mi estancia durante unos días para volver a casa.
Luego llegó la noticia de que la editorial quería darle prioridad a un breve ensayo de Alicja Gescinska sobre Simone de Beauvoir que también me hacía mucha ilusión traducir, por lo que las tres primeras semanas de mi estancia en Amberes las he tenido que dedicar al primer borrador de dicho ensayo. (Sobre este tema ya volveré más adelante, porque a lo largo del mes de julio tengo que ver a la autora para consensuar con ella ciertos criterios de traducción).
Y ahora, cuando por fin empiezo a encontrar mi velocidad de crucero con Alcibíades, tras sólo tres días de inmersión (cuatro si cuento mañana), ya asoma en el horizonte la siguiente interrupción, en concreto, las tradicionales Jornadas de Traducción de la Fundación para la Literatura Neerlandesa y Flanders Literature, que este año se celebran por primera vez en Amberes y caen justo en los que van a ser —más que probablemente— los dos días más calurosos de la presente ola de calor. Del calor, sin embargo, no me voy a quejar, porque sería casi una ofensa para los que están más al sur.
Con Alcibíades debería alcanzar un punto en el que sea relativamente fácil —o cuando menos asequible— llegar a las dos mil quinientas palabras al día. De momento, con la poca carrerilla que he podido tomar hasta ahora, no he pasado de las mil doscientas.
Los bloques de tiempo de varias semanas seguidas están empezando a ser una utopía, lo cual es algo con lo que tendré que aprender a vivir.
Hoy he aprendido que el gentilicio de Mitilene es mitileniense (no mitilenense) y que Agra o Agrai (Ἄγραι) era una zona junto al río Iliso y no un distrito o demos oficial de Atenas, por lo que no debe confundirse con Agrila o Agrile (Ἀγρυλή).
Hoy apenas he traducido más de mil palabras.
Seguimos sin gas.
Gonzalo Fernández Gómez