24 JUL 2026

Alcibíades ho kalós

Amberes, viernes 24 de julio de 2026 • Día 33

Alcibíades ho kalós


Tengo un dilema. La hermosura es un concepto muy problemático en castellano.

Alcibíades era conocido por su belleza. Ἀλκιβιάδης ὁ καλός, lo llaman las fuentes antiguas. Alcibíades ho kalós, que se suele traducir como «Alcibíades el hermoso» o «el bello».

El problema es que esas expresiones suenan ridículas en castellano y no acabo de entender por qué. ¿Es una cuestión cultural o lingüística?

En holandés, el sintagma de mooie jongen (el joven hermoso) no tiene nada de extraño o ridículo. De hecho, Pfeijffer lo utiliza en múltiples ocasiones para referirse a Alcibíades. Y en inglés tampoco sería problemático. En ese idioma, a nadie le resulta cringe la combinación the beautiful boy.

¿Por qué suenan entonces tan forzados los adjetivos que aluden a la belleza humana en castellano? ¿Por qué nos producen tanto rechazo combinaciones aberrantes como «el hermoso mancebo», con las que por desgracia tropezamos con frecuencia en traducciones de textos clásicos sobre Alcibíades? Se me ocurre, así a bote pronto, que tal vez tenga algo que ver con el hecho de que —al menos en el español de España, y al contrario de lo que ocurre en otros idiomas— tenemos adjetivos independientes para aludir a la belleza de una cosa y de una persona. Decimos que una mesa o una puesta de sol es bonita, pero cuando se trata de una persona empiezan los problemas.

En el lenguaje coloquial podemos decir que fulanito es muy guapo y no suena raro. Pero «Alcibíades el guapo» sería tan ridículo como «el hermoso» o «el bello». De una mujer se puede decir que es bonita —aunque según el contexto también puede resultar cursi, afectado o relamido—, pero nunca he oído a nadie decir que un hombre es «bonito».

Y sí, ya sé que hay infinidad de sinónimos de bonito, hermoso y bello, pero aquí el problema es encontrar la forma natural de decir «el joven hermoso» en castellano. Y sí, también sé quién era Felipe el Hermoso, pero en ese caso no suena raro por la sencilla razón de que es una combinación fosilizada, una parte del nombre, como Juan Sin Miedo y otros similares. Obsérvese, además, que los dos ejemplos citados son traducciones, pues en ambos casos el apodo surgió originalmente en francés (respectivamente Philippe le Beau y Jean sans Peur), lo cual ratifica de algún modo mi tesis.

¿Qué hacer, entonces, en el caso del libro que me ocupa?

En el original, Pfeijffer escribe ‘Alkibiades ho kalós’, dejando así, tal cual, la transliteración del griego. Y lo hace hasta en siete ocasiones a lo largo de la novela.

Una opción —la que más me gusta— sería dejarlo así también en la edición en castellano. Es decir: «Alcibíades ho kalós». Pero surgen entonces dos problemas.

El primero es que «ho kalós» no significa nada para quien no sepa griego, aunque no parece que sea un problema insalvable. En el mundo digital en que vivimos hoy en día, es fácil encontrar información. Esta misma entrada de mi diario es una especie de explicación metaliteraria del problema que plantea y, por el simple hecho de existir, se convierte en una fuente más de información. Podría ocurrir —y no me sorprendería que ocurriera— que, una vez publicado el libro, alguien se parase a buscar qué demonios significa eso de «ho kalós» y venga a parar a esta entrada (suponiendo que finalmente optara por dejar «Alcibíades ho kalós»), con lo cual quedaría resuelto el problema.

El segundo problema sería determinar si hay que marcar «ho kalós» con cursiva o no. Esa es una cuestión en la que mi influencia como traductor es limitada, pues cada editorial tiene su libro de estilo y, en general, suelen ser bastante inflexibles en eso. Mi primera reacción sería dejarlo en redonda, por motivos que ya expuse el otro día en otra entrada sobre cuestiones ortotipográficas.

Aunque tampoco hay por qué fijar un criterio único para todos los extranjerismos, en este caso los términos griegos que aparecen a lo largo del libro. No es lo mismo kílix, que es un objeto sin equivalente en castellano y que, en el contexto de la novela, podría ir a mi juicio en redonda, y otra cosa es ho kalós, que es un adjetivo y en castellano parece que tiende siempre a traducirse: «el hermoso Alcibíades», leo, por ejemplo, en el diálogo Protágoras de Platón (en la traducción de Carlos García Gual).

Gonzalo Fernández Gómez

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