Las virtudes del laconismo
Haarlem, domingo 25 de octubre de 2026 • Día 126
Sobre Esparta existen muchos tópicos relacionados sobre todo con la fuerza física de los espartanos, su disciplina militar, su capacidad para sufrir privaciones sin inmutarse y su inmenso espíritu de sacrificio.
Menos conocido es tal vez el hecho de que, por lo visto, eran un pueblo muy parco en palabras. Hasta el punto de que el adjetivo «lacónico» procede de Lacedemonia o Laconia, dos de los nombres con que se conoce la región donde se encontraba la antigua Esparta.
En el capítulo de Alcibíades dedicado a algunas de las costumbres más llamativas de los espartanos, Pfeijffer describe las virtudes de su laconismo con una serie de anécdotas muy graciosas, lo cual me ha hecho preguntarme si no sería mejor que mantuviéramos todos el pico cerrado más a menudo. «El buen orador no sólo sabe cómo hablar, sino sobre todo cuándo».
Pero la frase que más me gusta de ese pasaje dice:
Los espartanos hablaban como si cincelaran sus palabras en mármol con la lengua.
Porque, «cuando no les quedaba más remedio que decir algo, le daban a sus escuetas palabras el peso de un aforismo».
Si me dieran a elegir entre la fuerza de los espartanos y su supuesta facultad de hablar en aforismos, elegiría sin dudarlo un instante esto último.
Gonzalo Fernández Gómez