27 OCT 2026

La represión de la mujer en Atenas

Haarlem, martes 27 de octubre de 2026 • Día 128

Gonzalo Fernández Gómez
@gonzalofergo.com


Detalle de un epínetro, ca. 425 a. de C, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Detalle de un epínetro, ca. 425 a. de C, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

El otro día, cuando vino a almorzar a casa, Radka volvió a decir que una de las cosas que no le gustan de Alcibíades es la falta de personajes femeninos relevantes. Eso es un hecho indiscutible, pero yo argumenté que la historia de la guerra del Peloponeso vista a través de los ojos de Alcibíades es, por desgracia, una historia de hombres —ahí están las fuentes para demostrarlo—, a pesar de lo cual, en mi opinión, Pfeijffer hace precisamente un esfuerzo muy loable por darle un papel estelar a las pocas mujeres del elenco, en especial a Hipareta, que en su versión ejerce una influencia crucial en la forma de pensar de Alcibíades.

Hoy, mientras Alcibíades sigue en Esparta, he tropezado con un pasaje que viene a reforzar mi tesis. Al comparar Esparta con Atenas, Pfeijffer, a través del cálamo de Alcibíades, hace muchos comentarios con un sustrato de significado aplicable a nuestra sociedad actual, especialmente ahora que observamos el retroceso de los derechos de las mujeres y el avance de fenómenos impulsados por la ultraderecha como la moda retrógrada de las tradwives.

El pasaje en cuestión dice (en mi primera versión):

Cuanto más tiempo pasaba en Esparta, más antinatural me parecía que en Atenas dejemos languidecer a las mujeres tras un velo de convenciones sociales inútiles, creyendo que las protegemos negándoles cualquier forma de libertad para elogiar luego su vulnerabilidad e invisibilidad como la máxima expresión de la naturaleza femenina.

Esparta y Atenas tenían cosas buenas y malas. En Atenas los hombres gozaban de libertad, pero la otra cara de la moneda es que las mujeres no tenían ningún derecho y vivían a la sombra de los hombres, en la mayoría de los casos literalmente, pues ni siquiera tenían derecho a salir a la calle solas. En Esparta, sin embargo, que era una sociedad mucho más rígida, sin apenas libertades individuales, las mujeres participaban en lo colectivo casi al mismo nivel que los hombres, con la única excepción, tal vez, de los asuntos relacionados con la guerra.

Gonzalo Fernández Gómez

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